Notas

No todo está en Internet Reflexiones sobre la creatividad, la comunicación, el arte y el proceso de crecimiento
Desde hace cinco años, cada sábado a las 11 am me encuentro con un grupo de niños a jugar al teatro. Antes de empezar a movernos nos tomamos un tiempo para encontrarnos. Nos sentamos en una ronda en la cual conversamos e intercambiamos opiniones y puntos de vista sobre cosas que son importantes para ellos. Hace poco, conversando con un grupo de niñas de 8 años salió el tema de que en google se puede encontrar cómo pasar de nivel en los videojuegos. Pero una chica dijo: “Pero a veces viene bien pensar un poco, si buscás todo en internet dejás de pensar”.
A pesar de que el tema era aparentemente trivial, yo me quedé pensando que a diferencia de mí, estas chicas nacieron en un mundo con internet, en el que tenemos montones de respuestas y tutoriales al alcance de la mano. Es realmente cómodo, no lo podemos negar. Pero los invito a reflexionar hasta qué punto este modo de vida, en el que (tenemos la ilusión de que) podemos conseguir las cosas fácil y rápidamente, no influye en nuestro modo de ser, de sentirnos y de comportarnos. Como dijo mi alumna de ocho años, buscar todo en internet termina menoscabando nuestro hábito y capacidad de pensar y, por ende, aplaca nuestra capacidad creativa. Antes de seguir, voy a aclarar qué entiendo por creatividad. En primer lugar, sostengo que la creatividad tiene que ver con el surgimiento de algo nuevo y original. Sin embargo, con el término original no me refiero a algo completamente nuevo para la humanidad nunca antes visto, sino a algo que para la propia persona sea nuevo y valioso, y que surge de su modo singular de combinar elementos, sensaciones y experiencias. Muchas veces sentimos trabas y creemos que solo un grupo selecto de personas, al cual no pertenecemos, tiene el don de la creatividad. Sin embargo no es así. Todos podemos ser creativos, pero debemos desarrollar esa habilidad. Y en este punto afirmo que mientras más tendamos a buscar respuestas dadas por otros, más lejos estamos de ser creativos.
Por supuesto es importante saber qué piensan otros, pero no para aceptar sin reflexionar, sino para que hagamos el ejercicio de pensar juntos. De esta manera, las respuestas y soluciones se generan en la relación y en el intercambio. Aceptar sin reparos opaca nuestra autoestima, ya que quedan paralizados los mecanismos que darían cuenta de nuestras virtudes. Cuando nacemos, llegamos a un mundo que ya está ahí, pero cada uno de nosotros tiene el desafío de reinventarlo, y en la medida que podamos hacerlo nos sentimos más o menos vivos. Este reinventar el mundo no es algo que se dé de una vez y para siempre, sino que lo hacemos constantemente. La manera que tenemos de captar e insertarnos en el mundo de manera creativa es jugando. Los niños juegan para crecer, para hacerse un lugar, para existir y sentirse vivos. De hecho, la capacidad de jugar, para los psicólogos, mide el grado de salud mental.
Que todas las respuestas estén al alcance de la mano es, sin duda, una trampa. Ustedes me dirán que estoy siendo exagerada, ya que no todo se puede encontrar en internet. Es cierto. En internet no podemos encontrar cómo sentir, como reaccionar ante situaciones que nos conmueven, cómo ser nosotros mismos. Por más que podamos encontrar consejos, no podremos encontrar como vivir, porque somos únicos. Y esto es una suerte. Es una suerte que aunque estemos rodeados de imágenes que nos muestran cómo tenemos que ser para que nos quieran, para llegar al éxito y la felicidad, haya algo que nos siga inquietando, y que cada tanto nos produzca esa molesta sensación de ansiedad.
Pero pensemos: vivimos en un mundo en el que todo es ya. La tecnología hace que podamos mandar mensajes instantáneos a personas que están en la otra punta del planeta. Ya no existe llegar a casa para hablar por teléfono o responder los mails. Como dicen las propagandas “estamos conectados a toda velocidad”, y mientras más veloces mejor. Es como si las distancias se anularan, y con ellas el tiempo, y en nuestro psiquismo se anula la capacidad de esperar y de tolerar la frustración. Cuesta aceptar que no todo es como yo quiero en el momento que quiero, que el mundo no se adapta a mis deseos, y que puedo experimentar emociones que me angustian o me entristecen, o que aún no sé cómo definir.
Considerando que el encuentro con uno mismo lleva tiempo, me pregunto: ¿Qué lugar le damos los adultos a nuestro mundo emocional? ¿Estamos cultivando la paciencia para aceptar y comprender nuestras emociones? ¿Preferimos acallarlas para seguir funcionando en este mundo veloz? Y, en relación a los niños y a los jóvenes, ¿qué herramientas les estamos dando para que puedan sostener esos momentos de incertidumbre, de los cuales el crecimiento está repleto? Crecer es cambiar constantemente, pero para que pueda mantenerse un estado de salud necesitamos que haya una base de continuidad. De esta manera, lo novedoso puede ser elaborado y no presentarse terrorífica y traumáticamente. Lo nuevo surge tanto desde adentro como de las exigencias del mundo exterior, y de lo que se genera en las relaciones con los otros. (Qué difícil es definir la frontera entre un adentro y un afuera, considerando que nuestro psiquismo se constituye con otros, pero qué importante es, a la vez, establecer límites entre el adentro y el afuera… límites permeables y flexibles, pero claros). Y, ¿cómo se hace para elaborar lo nuevo? A mi entender, la mejor manera de procesar y elaborar eso que nos moviliza, que nos desestabiliza, que desestructura ese espacio en el que nos sentíamos relativamente cómodos, es desarrollando las habilidades de comunicación. Sabemos que la comunicación nunca es perfecta, siempre queda un resto, y de eso se alimenta el arte. Se dice que los artistas nunca están conformes con sus obras, ya que nunca llegan a lo que querían. Y esto no solo les pasa a los artistas, todas las personas estamos en la misma situación, y por eso el arte es un lenguaje accesible para todos. El arte nos da la posibilidad de experimentar un plus de comunicación inaccesible a otros lenguajes. Si éste se ha dividido en disciplinas, como muchos otros tipos de conocimiento, fue por motivos prácticos y académicos, pero al menos en el caso del teatro, es claro que la música, la danza, la plástica están en juego.
Creo que, hoy más que nunca, es tiempo de hacer actividades que nos conecten de verdad, con nosotros mismos y con el entorno, con la realidad real, no con la virtual (que sumada al aislamiento da como resultado inevitable problemas de ansiedad), que nos enseñen a aceptar ese resto entre el otro y yo, eso que no es perfecto, esa diferencia que puede llegar a desilusionarnos, pero que a cambio nos da la posibilidad de experimentar la potencia de la grupalidad y la serenidad del sostén y la confianza.

Autores que me ayudan a pensar...
Therese Bertherat, en “El Cuerpo tiene sus Razones” dice:
“Adquirimos muy pronto un repertorio mínimo de gestos, en los que no volvemos a pensar. Durante toda nuestra vida, repetimos esos escasos movimientos, sin jamás tener conflictos con ellos, sin entender que no representan más que una muestra muy pequeña de nuestras posibilidades. Como si no hubiésemos aprendido más que las primeras letras del alfabeto y nos contentásemos con las escasas palabras que podemos componer con ellas. Si así fuera, no solo se reduciría nuestro vocabulario, sino también nuestra capacidad de pensar, de razonar, de crear. Cuando una persona se sirve únicamente de un centenar de palabras, que forman su lenguaje, se dice que se trata de un débil mental. Sin embargo, la mayoría de nosotros no empleamos más que algunas variaciones de un centenar entre los dos mil movimientos (al menos) de que es capaz el ser humano. Pero nunca tomaríamos en serio a quien nos dijese que somos débiles motores.”
Este párrafo me lleva a interrogarme sobre: ¿qué consecuencias tiene tener un repertorio pobre de movimientos? - Así como el reducido repertorio verbal conlleva al menoscabo en la capacidad de pensar, ¿la falta de conciencia y empobrecimiento del movimiento limitarían nuestra capacidad de sentir? Por mi experiencia personal puedo dar fe de que sí. - ¿La autora está hablando solamente de los movimientos voluntarios del sistema esquelético? - Me pregunto sobre el aprendizaje del repertorio de movimiento que hacen los niños y las identificaciones que establecen, la responsabilidad de los adultos que los rodeamos - Me pregunto por el estilo de vida sedentario que se lleva en las ciudades y las consecuencias en la capacidad o incapacidad de emocionarnos - ¡Me alarma que para muchos chicos jugar con la tablet sea su actividad preferida! - ¿El enriquecimiento del repertorio de lenguaje corporal, puede llevarnos a establecer empatía con otras personas y mejorar la calidad de nuestros vínculos? - ¿la dificultad en aumentar nuestro repertorio de movimientos, tendrá que ver con la exigencia de resolver rápido y no “perder el tiempo” buscando? - ¿Cuánto lugar se da en las instituciones educativas, de todos los niveles, a que encontremos nuestras propias formas de resolver? - ¿Ser artista, no se trata al fin y al cabo de indagar y tomar cada vez más lenguaje? - ¿Conocerse a uno mismo, no es en realidad, conectar con emociones que existen y vibran entre las personas que comparten una cultura? Siempre creí que actuar era prestar el cuerpo para que se materialicen existencias que están como flotando entre todos.

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